Opinión

El periodismo no murió… quedó atrapado en Facebook

La obsesión por los algoritmos está cambiando la manera de informar, pensar y construir credibilidad.

Hoy el periodismo atraviesa una incompatibilidad colectiva con la nueva era de la comunicación. No porque hayan desaparecido los medios, ni porque ya no exista interés por informar, sino porque gran parte del gremio todavía intenta entender un ecosistema digital que cambió las reglas del juego desde hace mucho tiempo.

La información hoy corre como río desbordado. Y cuando decides subirte a la balsa tecnológica, no controlas la corriente: te arrastra, te sacude y te obliga a adaptarte a velocidades que hace apenas unos años parecían imposibles.

Para entender la dimensión del cambio basta recordar algo simple: hubo una época donde conectarse a internet a 56 kb era un lujo. Hoy hablamos de velocidades promedio de 100 megas, fibra óptica, transmisiones en tiempo real y hasta conexiones que rozan el terabyte de transferencia. Así de brutal fue el crecimiento tecnológico. Y si la velocidad del internet creció de esa manera, imaginen la velocidad con la que hoy viaja la información.

Ese es justamente el problema que muchos no terminan de comprender.

Seguimos viendo periodistas, medios y comunicadores aferrados a una sola plataforma dentro de un océano completo de herramientas digitales. Pareciera que cuando hablamos de internet, automáticamente pensamos en Facebook. Y eso no es casualidad. Mark Zuckerberg y sus ingenieros hicieron algo brillante: lograron que una gran parte de la sociedad confundiera internet con Facebook.

Y ahí comenzó una de las grandes trampas de la comunicación moderna.

Muchos periodistas hoy creen que si no funcionan en Facebook, entonces el periodismo está muriendo. No. Lo que está muriendo es la dependencia absoluta hacia una sola plataforma.

No podemos reclamarle a un sistema diseñado precisamente para masificar información, entretenimiento y emociones rápidas. Facebook nunca fue creado para proteger el periodismo profundo; fue diseñado para mantener atención. Y cuando el periodista intenta convertir una red social en su única casa editorial, inevitablemente termina adaptándose a sus reglas.

Por eso vemos titulares exagerados, contenido acelerado y una obsesión enfermiza por la reacción inmediata.

El problema no es la tecnología. El problema es pensar que comunicar se resume únicamente a publicar en redes sociales.

Con los años y las experiencias que me ha tocado vivir dentro de la comunicación, entendí algo importante: ser comunicólogo o periodista no significa que ya terminaste de prepararte. La comunicación evoluciona constantemente. Cambian los formatos, cambian las plataformas, cambian las audiencias y cambian los métodos para conectar con ellas.

Y quien no entiende eso, termina peleado con el presente.

Pero también hay algo que debe decirse claramente: nada desapareció.

La radio sigue existiendo. Los periódicos siguen existiendo. La televisión sigue existiendo. Los libros siguen existiendo. Las imprentas siguen trabajando. Incluso todavía venden máquinas de escribir. Todo aquello que algunos aseguran que “murió”, sigue ahí.

La diferencia es que ahora su consumo es opcional e individual.

Todavía existe gente que disfruta leer reportajes largos, análisis profundos o columnas editoriales bien trabajadas. El problema es que muchos periodistas dejaron de buscar a ese público porque quedaron atrapados persiguiendo masas dentro de un algoritmo.

Y antes tampoco era sencillo.

A veces el periodista clásico romantiza demasiado el pasado, olvidando que posicionar un periódico, una revista o un programa de radio requería equipos profesionales, estrategias comerciales, distribución física, inversión y muchísimo trabajo. Nada era automático. Nada era gratis.

Hoy gran parte de eso se sustituyó por un teléfono celular que cargamos en la bolsa.

Y sí, todo cambió. Todo evolucionó. Todo superó al pasado.

Pero eso no significa que el periodismo desapareció. Significa que necesita reencontrarse con su esencia fuera de la dependencia de una sola plataforma.

Por eso mi recomendación es simple: dejen de usar Facebook como su único lugar para hacer periodismo. Úsenlo para comunicar, sí. Pero no para construir toda su identidad profesional.

Hagan sus portales. Construyan sus espacios. Publiquen sus investigaciones donde realmente puedan desplegar el detalle, el contexto, el arte y la profundidad de la profesión. Y después aprendan a mover ese contenido estratégicamente hacia la audiencia correcta.

No tengan miedo de no ser vistos por millones.

La obsesión por las masas está destruyendo la calidad de la comunicación. A veces es más valioso tener una comunidad que realmente aprecia y entiende tu trabajo, que millones de vistas vacías empujadas por un algoritmo que mañana puede olvidarse de ti.

Y tranquilos los que ya estaban esperando que en alguno de estos párrafos mencionara la inteligencia artificial o como ahora les encanta decir para sentirse expertos en el tema: “la IA”.

De eso no les hablaré demasiado porque capaz y me hacen ojo o hasta me quieran linchar. Pero sí les voy a decir algo así de tantito: la inteligencia artificial no es el monstruo que muchos creen. Es una herramienta tecnológica impresionante que hoy facilita muchísimo trabajo, acelera procesos y hasta nos educa en temas que antes ni siquiera consultábamos por falta de tiempo o acceso inmediato a la información.

Quien tiene un poco más de criterio entiende rápidamente que esto no se trata solamente de reemplazos. Se trata de aprender, adaptarse y mejorar métodos.

Porque mientras unos le tienen miedo, otros ya la están usando para ampliar conocimientos, perfeccionar estrategias, optimizar tiempos y profundizar habilidades. Mucho más allá del miedo a ser sustituidos, lo inteligente sería conocerla, aprenderle y dominarla.

Pero si desde el inicio la ven únicamente como destrucción, entonces mejor la dejamos aquí.

Ya luego les contaré más de lo que voy haciendo y también de muchas cosas que ya hice con el valioso apoyo de este lujo tecnológico que hoy todavía sigue siendo novedad para muchos.

El periodismo no necesita desaparecer para transformarse. Necesita dejar de depender emocionalmente de plataformas que jamás fueron diseñadas para protegerlo.

Porque internet es muchísimo más grande que Facebook.

Y quizá el verdadero problema no es que el periodismo haya perdido espacio… sino que durante años decidió vivir rentando terreno ajeno.

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