Tras la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos, Venezuela atraviesa una reconfiguración del poder encabezada por Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta encargada, y su hermano Jorge Rodríguez, nuevo presidente de la Asamblea Nacional, en un proceso que evidencia la división interna del chavismo y el reparto del poder entre sus principales familias políticas.
Un relevo cargado de símbolos y tensiones
La ceremonia de juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela no fue un acto protocolario más. Las imágenes difundidas desde el Palacio de Miraflores y la Asamblea Nacional mostraron con claridad que el chavismo atraviesa un momento de transición marcado por símbolos, gestos y mensajes internos dirigidos tanto a la militancia como a los actores internacionales.
El poder Ejecutivo y el Legislativo quedaron en manos de los hermanos Rodríguez, una decisión que consolidó a una de las familias más influyentes del chavismo. Delcy Rodríguez asumió el mando del país, mientras Jorge Rodríguez quedó al frente del Parlamento, en un movimiento que dejó en segundo plano a Diosdado Cabello, figura histórica del ala militar del régimen.
Las cámaras captaron a Cabello con gesto serio y distante durante la ceremonia, una imagen que contrastó con la solemnidad del acto y que fue interpretada como una señal de las tensiones internas que atraviesan al movimiento bolivariano.
Dos bloques dentro del chavismo
La nueva etapa política en Venezuela deja ver con mayor claridad la existencia de dos grandes bloques dentro del chavismo, cuyas diferencias se han profundizado tras la salida de Nicolás Maduro del poder.
El bloque político-tecnocrático
Encabezado por los hermanos Rodríguez, este grupo apuesta por una estrategia de cooperación internacional limitada, especialmente con Estados Unidos, para garantizar estabilidad política y económica en el corto plazo. La juramentación conjunta, con la Biblia como elemento central, buscó proyectar institucionalidad y continuidad del Estado.
La presencia de altos mandos militares en la primera reunión del Consejo de Ministros, encabezada por Delcy Rodríguez, reforzó el mensaje de control y gobernabilidad.
El ala militar y la línea dura
En contraste, Diosdado Cabello y sectores cercanos a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana representan el ala más radical y militarizada del chavismo. Su discurso rechaza cualquier tipo de negociación con Washington y mantiene una retórica de confrontación abierta.
Cabello encabezó recorridos nocturnos acompañado por efectivos armados y colectivos, enviando un mensaje claro: el control territorial y la fuerza siguen bajo su influencia.
Control territorial y despliegue armado
Tras la captura de Maduro, Caracas experimentó un reforzamiento del control territorial. Grupos de civiles armados, conocidos como “motorizados”, se desplegaron en zonas populares como Petare y Catia, estableciendo controles informales y restringiendo la circulación nocturna.
Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por estas acciones, que se amparan en un decreto de conmoción interna que autoriza la búsqueda y captura de personas señaladas por presunta colaboración con Estados Unidos.
Estas medidas contrastan con el discurso oficial de Delcy Rodríguez, quien ha reiterado la intención de trabajar por la estabilidad y la paz interna.
El papel de Estados Unidos en la transición
Washington ha jugado un papel clave en la actual configuración del poder en Venezuela. La decisión de respaldar a Delcy Rodríguez como figura de transición y marginar a Cabello responde, según analistas, a la necesidad de evitar un escenario de mayor confrontación militar.
Funcionarios estadounidenses, entre ellos el asesor de Seguridad Nacional Stephen Miller, han afirmado que existe una “cooperación plena” con el nuevo gobierno venezolano. Estas declaraciones han sido duramente criticadas por Cabello, quien acusa a Estados Unidos de buscar el control de los recursos energéticos del país.
Nicolasito y el factor familiar
En medio de este reacomodo, Nicolás Maduro Guerra, hijo del expresidente, ha adquirido mayor visibilidad. Su discurso durante la ceremonia, cargado de emotividad y referencias a la lealtad y la traición, dejó en claro que la familia Maduro sigue siendo un actor relevante dentro del chavismo.
Sus palabras avivaron las sospechas y la desconfianza entre las distintas corrientes del movimiento, reforzando la narrativa de un chavismo dividido, pero aún en control del poder.
Una transición vigilada
La transición venezolana avanza bajo una constante vigilancia interna y externa. Aunque el poder formal está en manos de los hermanos Rodríguez, el control real del territorio, las armas y los colectivos sigue siendo un factor de tensión.
El chavismo no ha desaparecido; se ha transformado. La disputa ya no es contra la oposición, sino entre sus propias familias y facciones, en un contexto donde cada gesto, imagen y declaración tiene un peso político determinante.
