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Asaltos, retenes y abuso institucional en carreteras mexicanas

En un contexto de creciente inseguridad, los transportistas enfrentan extorsiones, falsos retenes, robos con violencia y multas exageradas al transitar por carreteras del país. Cámaras de seguridad han registrado asaltos perpetrados por sujetos armados, reflejando que los atrapados entre el crimen y la complicidad institucional viven un verdadero viacrucis.


Violencia en carretera registrada

Cámaras instaladas en camiones de carga captaron a ladrones con armas que asaltan a conductores dentro de sus unidades, obligándolos a cubrirse mientras colocan en riesgo su vida. El testimonio de Alfonso Sánchez, un transportista con 16 años de experiencia, evidencia que ya no basta con llevar carga: también se arriesga su integridad física. Según el reportaje de Excélsior, “Uno sale a buscar el pan … pero el peligro máximo es que ya no regrese”.


Los falsos retenes, negocio delictivo

La Alianza Mexicana de Organización de Transportistas (Amotac) alerta sobre la proliferación de falsos retenes operados por criminales que se hacen pasar por autoridades, especialmente en Puebla, Veracruz, Chiapas y Oaxaca, donde clonan patrullas y detienen camiones para extorsionar. La Oficina de Estadísticas del SESNSP indica que siete de cada diez robos implican falsos retenes, reflejando una delincuencia organizada que se aprovecha de la opacidad institucional.


Multas impagables y extorsión institucional

Para liberar un camión secuestrado por estas bandas, los transportistas pagan “mordidas” —entre 30,000 y 35,000 pesos— a peritos o ministerios públicos, según testimonios del sector. Además, deben afrontar pagos ilegales al corralón: entre 180,000 y 220,000 pesos por arrastre y estancia; en muchos casos, las unidades regresan desmanteladas o con piezas faltantes, lo que multiplica las pérdidas.


Inseguridad institucionalizada

Transportistas denuncian que son extorsionados incluso por autoridades encargadas de aplicar la ley. Desde policías municipales hasta elementos de la Guardia Nacional, utilizan el miedo y la amenaza de multas falsas para exigir dinero . En Puebla, la respuesta gubernamental ha sido escasa: los bloqueos carreteros por parte de Amotac no detienen estas prácticas, y el proceso alternativo implica corrupción sistemática.


Falta de denuncias y respuesta lenta

En el Estado de México, la Fiscalía de Toluca reconoció que aunque existen carpetas por extorsión, la falta de denuncias limita la acción efectiva. El fenómeno afecta incluso a rutas urbanas: camionetas pagan «renta» para evitar inspecciones arbitrarias en carreteras locales . Sin denuncias, persiste la impunidad.


Operativos insuficientes y urgencia de medidas

Aunque el Gobierno federal desplegó operativos de GN y Sedena en 25 corredores prioritarios, los gremios transportistas señalan que estas acciones son reactivas, no preventivas. Además, líderes como Miguelina López, de Canacar Veracruz, indican que la colaboración con la GN ha ayudado a detectar falsas patrullas, pero el problema persiste.


Impacto económico y social

El alto costo directo e indirecto de estos actos supera el daño económico: miles de familias están en riesgo. La CANACAM estima que el robo a transporte de carga genera pérdidas de miles de millones de pesos al año, especialmente en entidades como Puebla, Edomex, Guanajuato y Michoacán.


¿Qué se necesita para salir del viacrucis?

  1. Mayor denuncia ciudadana: necesaria para activar investigaciones.
  2. Operativos preventivos reales: con patrullaje y vigilancia constante en carreteras.
  3. Transparencia institucional: fin a cobros arbitrarios y corrupción interna.
  4. Protección legal efectiva: penas de hasta 10–15 años y multas de cientos de miles a extorsionadores.

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